Capítulo 130. No puedo hablar.
Maximiliano Delacroix
El avión tocó tierra con un golpe seco que me sacó del trance en el que había estado las últimas horas.
El ruido de las ruedas rozando la pista llenó la cabina, seguido por el aviso del piloto.
Hawái se había quedado atrás, y con él, todo lo que intenté dejar allá abajo.
Pero la distancia no cura nada. Solo le da más espacio al silencio.
Amy no me miró mientras guardaba la manta con la que había cubierto a Mía.
La niña seguía dormida, ajena a todo, con los brazos rodeando