Capítulo 125. La tentación de quitarle todo.
Maximiliano Delacroix
El silencio después de la rendición de Adrián era extraño.
Un silencio pesado, que no se parecía a la calma. Más bien parecía la pausa antes de una tormenta.
Lo vi allí, frente a mí, con los hombros hundidos, los ojos rojos y ese papel arrugado en su mano que ya no valía nada. Adrián Soler, el actor perfecto, el hombre que siempre había caminado rodeado de aplausos, ahora suplicaba como un mendigo por unas horas con su hija.
Y debo admitirlo: una parte de mí disfrutaba ver