Capítulo 126. El temor de Maximiliano.
Maximiliano Delacroix
El sonido de la notificación en mi teléfono fue tan claro que cortó el silencio como una navaja.
Un solo timbre, seco, y supe que era Lorenzo.
Saqué el móvil despacio, sin prisa, porque cada movimiento mío debía sentirse como parte del veredicto final. En la pantalla parpadeaba su mensaje: “Documento preparado. Enviado a tu correo. Todo listo para firmar”.
Alcé la vista y, de inmediato, uno de mis hombres ya estaba acercándose con una carpeta bajo el brazo. No me sorprendi