Capítulo 12. Una propuesta inesperada.
No podía salir de mi asombro. El aire se me quedó atorado en los pulmones cuando lo vi frente a mí, relajado como si nada.
Estaba ahí, de pie, con ese porte imposible de ignorar, como si el mundo entero se doblara a su alrededor.
El mismo hombre que me había dicho por teléfono que “no podía ayudarme”, y a quien le había silenciado la línea… ahora estaba frente a mí, como si lo hubiera invocado con el peso de mis miedos.
Me quedé helada.
—¿Cómo… cómo es posible? — Alcancé a murmurar, con la voz