Capítulo 11. Encerrada entre lujos.
Amy Espinoza
Al final subí. El trayecto en la limusina fue una tortura envuelta en terciopelo. Todo en aquel vehículo gritaba lujo: el cuero negro de los asientos, la tenue luz que iluminaba como si estuviéramos dentro de un salón privado, la botella de champán descansando en un compartimento.
Sin embargo, nada de eso conseguía apaciguar el temblor que me subía por las manos hasta la garganta.
Me sentía atrapada en una contradicción. Por fuera, todo era comodidad y silencio. Por dentro, era un