Mundo de ficçãoIniciar sessãoThomas Reed. Mi abogado. Mi consejero. Mi único amigo real. El hombre al que había arrastrado a este infierno por mi propia arrogancia. La última vez que lo vi, en el estudio de Victoria, sus ojos me miraban con una mezcla de lástima y horror profundo. Estaba convencido de que Victoria me había lavado el cerebro, de que yo padecía un Síndrome de Estocolmo irreversible. Creía que yo había perdido el juicio y que me había ena







