Había una caja sobre la mesa del comedor cuando Carol bajó a las siete de la mañana. No estaba envuelta ni tenía moño. Era solo una caja de cartón, discreta, con su nombre escrito encima con la letra de Alonso.
Ella la miró desde la escalera. Luego miró alrededor. La casa estaba quieta. Se acercó despacio, como si la caja pudiera explotar, y la abrió.
Adentro estaban los documentos del contrato. Los tres originales, con sus firmas, con las cláusulas de sumisión y la cláusula de rescisión y el ap