Después de varios días de investigaciones exhaustivas y juicios tensos, el momento crucial llegó. El tic-tac del reloj indicaba que la sentencia estaba cerca.
La sala permanecía envuelta en un silencio sofocante. Aunque Ernesto, en compañía del abogado Gustavo Brown, había hecho todo lo posible, los hilos invisibles de Angus resultaron ser más fuertes.
—¿El jurado ha llegado a un veredicto? —preguntó el juez Miller, su mirada firme posándose sobre Ethan.
—Sí, su señoría —respondió Jhos Williams