El lunes comenzó de una manera distinta.
Eloise entró sola en la empresa.
El sonido de sus tacones sobre el mármol del vestíbulo parecía pesar tanto como el plomo.
Ni el lápiz labial ni la base de maquillaje lograban ocultar el cansancio.
Sus ojos delataban las noches enteras que había pasado en el hospital.
Aun así, mantenía la cabeza en alto.
Se sentó en su escritorio, abrió Gmail, confirmó la agenda y comenzó a organizar el trabajo.
Todo de forma automática.
Como si fuera una mañana cualquie