Miró la pantalla del teléfono y vio el nombre de su vecina.
Contestó sonriendo, convencida de que llamaba por el favor que le había pedido antes de salir de la oficina:
“Por favor, pasa a ver a papá.”
Pero la voz al otro lado llegó entre sollozos, completamente desesperada.
—¡Eloise! ¡Corre al hospital! ¡Tu padre… se puso muy mal! ¡Su estado es muy grave!
La copa resbaló de sus dedos y el cristal se hizo añicos contra el suelo.
Las risas desaparecieron.
El silencio se apoderó de la mesa.
Y el c