A la hora del almuerzo, Augusto apareció frente al escritorio de Eloise con la clara intención de invitarla. Pero ella se adelantó:
—Hoy voy a aprovechar para ver a mi padre. Necesito almorzar con él. —dijo con firmeza, antes de que él pudiera decir una sola palabra.
No era mentira. Pasó el tiempo con su padre, compartiendo una comida sencilla y riéndose de sus historias. Pero, en el fondo, lo único que quería era escapar del peso que veía reflejado en los ojos de Augusto.
Cuando regresó a la o