Ya habían pasado dos días.
Dos días interminables.
Como si el tiempo se hubiera convertido en un enemigo.
Eloise dividía sus días entre la angustia del hospital y los intentos frustrados por encontrar un nuevo trabajo.
Pero nada parecía suficiente.
En un esfuerzo desesperado por ocupar cada minuto, buscaba mantenerse siempre ocupada.
Solo para no dejar espacio a un único pensamiento.
Él.
En el silencio de su casa…
el dolor le desgarraba el pecho.
Intentaba ser fuerte.
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