La cena terminó en un ambiente tranquilo, casi acogedor. El padre y Eloise hablaron de cosas simples: recuerdos de la infancia, comentarios sobre antiguos vecinos, historias de cuando ella todavía vivía bajo aquel techo.
En cuanto él dejó los cubiertos sobre la mesa, Eloise se levantó primero.
— Déjame la cocina a mí hoy, papá. Ve a descansar.
Él arqueó una ceja, como si fuera a protestar, pero terminó cediendo con un gesto.
— Solo porque me lo pediste, hija. —Se levantó y fue hacia la sal