El almuerzo se extendió más de lo que Eloise esperaba. Cada plato parecía apenas una excusa para que permanecieran allí, intercambiando provocaciones entre una copa y otra. Cuando llegó el postre —un impecable pudín de leche— Augusto tomó la cuchara antes que ella y sirvió una porción, llevándola lentamente hasta sus labios.
— Prueba. —El tono no era una sugerencia, era una orden.
Ella se inclinó ligeramente, aceptando la cucharada. El dulce se derritió en su boca, pero la mirada de él la de