Entonces, él la tomó de la cintura y el beso sucedió como si fuera inevitable: cálido, urgente, arrebatador.
Eloise sintió que todo su cuerpo ardía. El sabor del vino, el toque firme de las manos de él, el calor que parecía subir desde la piel hasta el pecho.
Augusto la levantó con facilidad y la sentó sobre la mesa, acercándose aún más. Las piernas de ella se entrelazaron alrededor de su cintura, atrayéndolo hacia sí.
El beso se profundizó, mientras las manos de él recorrían su cintura, su