Eloise observaba todo con atención. Conocía las reglas, sabía calcular la fuerza y la dirección exactas. Cuando Heitor la invitó a hacer un golpe “solo por diversión”, ella aceptó con una sonrisa serena.
Se concentró, acomodó los pies con precisión y realizó el primer golpe.
En el segundo, dejó la pelota peligrosamente cerca del hoyo.
Eloise sorprendió a todos.
— Excelente jugada —dijo César.
— Impresionante —añadió Heitor, sonriendo mientras la observaba—. Tienes un talento natural.
Augusto no