Eloise salió del despacho con la misma postura profesional de siempre. Se sentó en su escritorio, retomó el trabajo, revisó la agenda y respondió algunos correos mientras el reloj avanzaba.
A las nueve en punto, Augusto salió de la oficina con la misma imponencia habitual, pasos firmes y expresión impenetrable. Pasó junto a ella, lanzándole una mirada directa y una única palabra:
— Vamos.
Lo dijo sin detenerse, como si fuera solo otra orden más del día.
Ella tomó el bolso, la tablet, una libret