ERES MI REDENCIÓN.
Alana abrió poco a poco sus ojos, y lo primero que vio fue esa mirada, pero esta vez con una sonrisa natural.
—Buenos días…
Ella sonrió también, y le dio una caricia en la mejilla.
—¿Espías mis sueños?
—Por supuesto. ¿Esperabas menos? —Alana negó y luego recibió un beso en la boca—. No puedo despegarme de ti, aunque quiera.
Ella sintió el peso de las palabras de Ángelo como un sello en su alma.
—Gracias, Ángelo, gracias por todo esto…
Ángelo cerró los ojos unos segundos, como