31. Sospechas claras
Toma de sorpresa las palabras de su esposo. Azucena enrojece de la vergüenza con semejantes palabras. La expresión de Marlene no ayuda para nada.
—Eh, señor —carraspea Marlene, bajando la mirada—. No creía que estaba ocupado.
—¿Qué sucede, Marlene? —Rafael continúa. Azucena se muerde su mejilla dentro de la boca para no perder necesariamente la cordura. La mano de su esposo no deja su pierna.
—¡Sí! ¡Sí, claro! Eh, tenemos unas cuantas firmas de usted en espera. Aquí tengo los papeles.
—Si eso e