Damián sonrió con suficiencia, apagando el tabaco en el cenicero de cristal con un movimiento lento y deliberado.
—Usted está aquí para ejecutar una transferencia de acciones, no para debatir mis estrategias de negocios, abogado —dijo, su voz tranquila y peligrosa, un contraste con el temblor apenas perceptible del otro hombre—. Y le aseguro que sí es un acuerdo. El trato era simple: yo devuelvo las acciones, y él, a cambio, se abstiene de usar cualquier información comprometedora.
Se recostó