Ella se mueve lentamente sobre él, sintiendo la conexión profunda entre sus cuerpos. Damian gime en respuesta con sus manos firmes en su trasero, guiándola. El agua tibia y el aroma a rosas crean una atmósfera íntima, un refugio de los problemas que los acechan. Alice lo mira a los ojos, una sonrisa traviesa se dibuja en sus labios.
—¿Ves? No soy tan frágil como crees —le susurra, y Damian no puede evitar sonreír también.
—Eres muy juguetona —Damian la agarra del cuello—, pero no he dicho que se