Mundo de ficçãoIniciar sessãoEn cuestión de minutos la vi asentir, descansando la cabeza en el hombro del niño que la abrazaba.
—Ven, madre, vamos a dormir —le dijo en voz baja.
La ayudaron a ponerse de pie y la guiaron fuera de mi cuadra, a la que ellos ocupaban. Oí el rumor que hacían al acostarse los tres, y se me llenaron los ojos de lágrimas al escucharlos cantarle en susurros una de nuestras canciones de cuna.
Incapaz de contenerme, apreté l







