La tensión en la habitación era insoportable. Jack respiraba como una bestia enjaulada, los ojos vidriosos de furia y dolor. Logan luchaba contra Jacop, que lo retenía con todas sus fuerzas.
Teresa, mientras tanto, parecía disfrutar cada segundo de ese caos, cada grieta que abría en los corazones de sus hijos.
—Me aseguré de que Jack no volviera —añadió con calma venenosa—. Y también me aseguré de que te odiara más de lo que ya lo hacía.
Las palabras colgaron en el aire como cuchillas invisible