Logan respiró hondo, tratando de contener la tormenta que llevaba dentro. Se limpió las manos manchadas en la tela de su pantalón y caminó con pasos firmes hacia la habitación. Cada paso lo alejaba del peso de la sangre y lo acercaba a lo único que lo mantenía en pie: ella.
Al abrir la puerta, la vio. Mía estaba de pie, con el rostro cansado y los ojos llenos de miedo e incertidumbre, pero al verlo aparecer, se lanzó directamente a sus brazos. Lo abrazó con fuerza, como si temiera que se desvan