Con cada paso hacia afuera, la oscuridad de Jack quedaba atrás, encerrada, impotente.
Jacop avanzó a toda prisa por el pasillo, siguiendo el rastro de Logan. El eco de sus pasos resonaba entre las paredes mientras veía la espalda firme de su alfa, ese hermano que tantas veces había luchado contra lo imposible. Logró alcanzarlo y, con la voz cargada de urgencia, soltó:
—¿Qué piensas hacer, Logan?
Logan se detuvo en seco y giró apenas el rostro, lo suficiente para que Jacop pudiera notar la torme