La biblioteca estaba sumida en un silencio espeso, roto solo por el leve chisporroteo de la chimenea. Logan permanecía sentado en una vieja silla de respaldo alto, los codos apoyados en las rodillas, los dedos entrelazados y la mirada clavada en el suelo. La penumbra cubría su rostro, dejando ver apenas la línea de su mandíbula tensa.
Un suave crujido de la madera anunció que alguien había empujado la puerta. Jacob entró con paso firme, su silueta recortándose contra la luz del pasillo.
—¿Qué s