Era de esperarse que a ese viejo ponzoñoso fuera poco atento con mujeres capaces de valerse por sí mismas y sentí deseos de comentarlo con las guerreras, mas supe dominar el impulso y aguardé a que todas las presentes concentraran su mirada en mi rostro. Estaba dispuesta a ayudarlas y por primera vez en ese día, me sentía precisamente en el lugar en el que debía estar. Al fin tenía una causa justa por la cual enfrentarme al pelirrojo y la indignación despertada por las palabras de Mirisila, me