Sin más, le pedí que me escoltara mientras caminaba entre las interminables filas de guerreros que mostraban sus armas orgullosamente, jurando protegerme y lo más importante, jurando seguir mis órdenes antes que las de cualquier otro. Ellos eran los guardias de la luna, y cuando una estrella tan brillante los comandaba, no había espacio para que las llamas o el agua intervinieran.
Camino de regreso a mis aposentos, cuidé de mantener las manos a los lados del cuerpo para que el astil del fuego