El astil del viento se acercó con paso lento, ceremonioso, y nos ofreció dos copas enjoyadas, enlazadas por una cinta blanca. Imitando al rey, tomé una de las copas y bebí del agua que contenían, cuidando de no apartarme demasiado porque la cinta me mantenía sujeta a mi esposo. Luego siguió el turno de un joven al que identifiqué de inmediato. No podía ser otro que Dázahion de Fraehen, primo del rey y sus rasgos tan similares fueron los que me ayudaron a reconocerle. Él me sonrió y en sus adem