—No es así —tartamudeé mientras miraba sus rostros inocentes, esperando mi respuesta.
—Está bien, mami, no tienes que respondernos. Pero me alegro de que hayas dejado ese lugar. Ya obtuvimos las respuestas cuando vimos cómo te trataron —dijo Elisa, sorprendiéndome con su madurez.
Me derrumbé frente a ellas, tratando de sonreír entre lágrimas.
—Mami, por favor, no llores. —Belén se levantó y me tomó de la mano, guiándome para sentarme en su cama.
Las demás se acercaron y me abrazaron.
—No los ne