No conseguí su información de contacto, pero ya sabía por las palabras de Penny que la anciana vivía en su manada. Sería fácil encontrarla, a menos que hubiera muerto, y eso sería un problema.
Durante las siguientes horas no le dije a nadie adónde me dirigía; tomé a mi Beta Real y a mis guerreros y partimos hacia la manada de Penny. Era la más pequeña, aquella donde incluso el alfa era débil.
Cuando llegué a la frontera, el alfa me recibió con una calidez casi exagerada. Le dije que quería reco