—¿Cómo vas a ayudarla? —me preguntó Elian.
Noté que toda su atención estaba puesta en su hija. Daemon, en cambio, era distinto. En cuanto entró, empezó a recorrer la habitación con la mirada, observándolo todo con detenimiento. Sus ojos se movieron por cada rincón hasta que aparecieron mis cachorras.
Elisa se detuvo en seco al ver a Elian, que ya se había dejado a su hijo sobre el sofá. Hubo un breve instante en el que él la miró.
Elisa sostenía un osito de peluche que Baxter había encontrado p