Esa misma noche
Hazel entró en su habitación y cerró la puerta de golpe. El peso de sus emociones la abrumó como una ola gigante, y ya no pudo contener las lágrimas.
Se desplomó sobre la cama, sollozando mientras recordaba los dolorosos sucesos del castillo de Ethan.
El tormento, el rechazo, casi la habían destrozado. Y ahora, a pesar de haber encontrado una segunda oportunidad con Noah, sentía que la historia se repetía. Ni siquiera le daba la oportunidad de explicarse, de demostrarle que era