Helena aceleró el paso.
No quería estar ahí. Su pecho le dolió con cada fuerte latido de su incontrolado corazón. Las lágrimas no se detuvieron. Ella no sabía qué hacer con la avalancha de emociones.
De pronto, sintió un hormigueo en todo su cuerpo. El dolor en el pecho se esparció en cada extremidad. Ella apretó los labios para ahogar sus quejidos. El chofer notó la actitud de Helena.
―Señorita, ¿se encuentra bien?
―Rápido, llévame a un hospital. ―Apenas logró pedir.
El chofer obedeció y notif