El aire se le escapó de los pulmones.
Helena reaccionó cuando el grupo de guardias que la acompañaba se aglomeró a su alrededor para protegerla. El Lycan se dio cuenta de su presencia. La atmósfera de aquella enorme criatura, que se sostuvo sobre sus dos patas, cambió.
Las orejas que se habían pegado a la cabeza saltaron al aire por la sorpresa. Entre chillidos y gemidos, la gran criatura se agachó y se acercó a ella gateando. Los guardias trataron de espantarlo sin éxito, pero este solo arrugó