Otra vez ese dolor en el estómago no la dejó dormir.
Helena dio vueltas en la cama varias veces. Se sintió fatal. Había tomado otro par de pastillas para calmar el dolor, pero la reacción fue tan lenta que pensó que debía tomar más.
Las pesadillas de persecución y tortura habían parado. Pues habían sido sustituidas por su madre, siendo atrapada y arrastrada hacia la oscuridad. En cada pesadilla, Helena corrió con todas sus fuerzas para alcanzarla, pero nunca logró rescatarla.
Y también estaba e