Helena lentamente se despertó.
Abrió los ojos para ver su entorno, pero el mareo nubló su vista y los cerró de inmediato. Esperó un memento. Lo intentó de nuevo.
Dio un rápido vistazo a la habitación que tenía un olor peculiar.
Vio la cama tamaño matrimonial, las paredes rojas, un sinfín de espejos en el techo y pared; a modo de cabecera de la cama. Vio la ventana empapada de gotas de lluvia, había parado de llover.
La habitación no era normal, ni parecía ser parte de algún hotel. «¿Un motel?». Pensó de inmediato.
El llavín de la puerta giró, ella cerró los ojos de inmediato.
―¿Tengo que llevarme a esta mujer? ―Escuchó la voz de James―. Pero solo ocupamos a la anciana.
Luego de un largo silencio, Helena supuso que el chico estaba hablando por teléfono.
―Ah, entiendo ―dijo James―, está bien. Ahora la subo al auto y voy en camino.
Helena trató de mantenerse serena, pero el pulso la delató. Aquellas asquerosas manos la tomaron y la levantaron de la silla. Ella se asustó ante la fuerza