Helena miró su reflejo en el espejo.
Le dio un vistazo a la pequeña marca en su cuello. Trazó la diminuta línea con las puntas de su dedo. Otra vez iría a ese lugar, a pesar del corto tiempo que transcurrió.
―¿Estás segura de que debes ir? ―preguntó Linda, su madre.
―Sí, debo hacerlo ―respondió Helena.
Con nerviosismo, Linda alisó la falda del vestido color peach que casi hizo juego con el cabello de su querida hija.
―Él me prometió cuidarte, pero aun así me preocupa ―dijo Linda y colocó una cha