Helena buscó la manera de calmar la situación.
Ella vio cómo las uñas bien cuidadas de Victoria crecieron unos cuantos centímetros.
A simple vista, Russell pareció relajado con la frente en alto, pero un gruñido bestial resonó en su pecho cuando esa mujer le desafió con la mirada.
¿Qué había pasado entre ellos como para que se odiaran con esa intensidad?
―Por favor, cálmense, aquí hay humanos. ―Helena murmuró entre dientes.
Aquello calmó a ambos lobos, pero no se doblegaron. Victoria dirigió su