―No, yo solo quería ver cómo estaba usted... ―dijo con nerviosismo.
―Sé detectar a personas que tienen segundas intenciones. Siéntate y habla ―ordenó, tal como su jefe/marido.
Obedeció, pero se sentó lejos de su suegra. Gloria tomó la taza de té, se deslizó un mecho de cabello gris, liso, a la altura de su mandíbula, detrás de la oreja y bebió con elegancia.
―Necesito hablar con Mara, la curandera ―dijo Helena sin rodeos.
Gloria sonrió. Dio una orden a una de sus sirvientas que vestían tan form