La puerta del avión se cierra con ese chasquido hermético que siempre me hace pensar que ya no hay vuelta atrás. Y esta vez, no la hay. El sol de la playa queda del otro lado del océano, junto con la tensión disfrazada de vacaciones, los silencios que se colaban en la mesa como intrusos no invitados, el surf improvisado que todavía me duele en los músculos y la conversación con María, que sigue girando en mi cabeza como si no supiera dónde aterrizar.
Me acomodo en mi asiento junto a la ventanill