El sonido de nuestros pasos resuena sobre el mármol del lobby mientras cruzamos las puertas del hotel. Alejandro camina a mi lado, con una expresión que intenta ser neutral, aunque cada músculo de su mandíbula grita tensión. Afuera, la ciudad sigue vibrando, pero aquí adentro el aire se siente más denso. Como si el escándalo ya se hubiera colado antes que nosotros.
Llevamos horas de caos. Primero Marcela, y después la llamada, pero ahora, mientras nos dirigimos al ascensor, Alejandro me muestra