Me detengo apenas cruzo el umbral, recorriendo el lugar con la mirada. Todo está perfectamente ordenado, impoluto… demasiado. No hay rastros de nadie más. Ni de él, en realidad. Como si esta habitación no le perteneciera del todo.
Las paredes son claras, sin cuadros personales, solo un poster de la Fórmula 1 y un par de estanterías con libros y carpetas. Sobre una cómoda descansa un reloj sin pilas, una billetera descosida y un llavero, todo acomodado con una precisión casi quirúrgica. A un cos