No sé cuánto tiempo pasa antes de que me atreva a moverme.
El cuarto está en silencio, pero no vacío. El aire, espeso y tibio, huele a historia… y a nosotros. A piel agitada, a deseo cumplido, a algo que no sé si estaba destinado a pasar o simplemente explotó porque no podía seguir esperando. La habitación antigua de Alejandro, con sus paredes llenas de recuerdos adolescentes, ahora guarda uno nuevo: el nuestro.
Sigo acostada, con las sábanas cubriéndome hasta la cintura. Mis muslos todavía tie