El amanecer llegó con un silencio opresivo. Helena observaba desde la ventana de sus aposentos cómo el sol teñía de naranja las montañas que rodeaban el territorio de la manada. Hoy no era un día cualquiera; era el día de su juicio.
Las palabras del Consejo resonaban en su cabeza como un eco interminable: "Demuestra que tu poder no es una amenaza para nosotros, o serás exiliada... o algo peor."
Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos. Sin esperar respuesta, Ayleen entró, su rostro un