Una semana después del cierre del Vórtice, la manada de Piedra despertaba a un nuevo ciclo. La tierra, antes herida por el caos, ahora respiraba con lentitud. Las raíces se afianzaban, los brotes brotaban como promesas. Pero esa mañana, no solo el bosque celebraba. Hoy, los corazones también se unían bajo la luna.
Lía se miró en el espejo de obsidiana que las curanderas habían preparado para ella. Su vestido ceremonial era blanco como la escarcha lunar, bordado con runas ancestrales en hilos de