La mañana en las cavernas no era como cualquier otra. No había sol, ni cielo visible, pero algo en la temperatura, en la vibración misma del aire, anunciaba un cambio. El despertar fue silencioso; los miembros de la comitiva no cruzaron muchas palabras mientras recogían sus mantas. Todos sabían que ese día entrarían a la cámara sellada. Todos temían lo que pudieran encontrar.
Kael se encontraba afilando su cuchillo cuando Valen se aproximó con gesto grave.
—La entrada está lista —informó—. Savr