Mirándome al espejo, aquel beso se repetía en mi mente una y otra vez, como una herida recién abierta que no dejaba de sangrar.
—Los declaro marido y mujer.
La tomó por la cintura y la besó, inclinándola suavemente hacia atrás con una teatralidad que arrancó aplausos, vítores... incluso un par de aullidos eufóricos. Pero también, entre todo ese júbilo, se deslizó un gruñido sordo y desgarrador. Como un eco roto de lo que yo sentía por dentro.
Darian me soltó sin mirarme y yo huí, atravesando p