—¿Entonces, con todo esto, podemos encargarnos de Eva y los Draven de una vez por todas?
—Unju —asintió Alan con firmeza—. Solo tenemos que seguir el plan.
—Todos los Draven... menos Kael.
Alan colocó una mano sobre mi hombro. Su mirada se clavó en la mía, penetrante, intensa.
—Todos menos Kael —confirmó con voz grave.
—¿Está segura, señorita? —preguntó el obrero con el cinturón de herramientas colgando de la cintura y los brazos cruzados sobre el pecho, mientras examinaba la puerta desvencija