—Necesito ver al abogado —exigí, con la voz cargada de urgencia.
—Ya le hemos dicho que el magistrado está en una reunión y usted no tiene una cita —intervino la secretaria, sin levantar del todo la vista, observándome apenas por encima de sus gruesos espejuelos de montura metálica.
—¡Esto es una emergencia! ¡Tienen que dejarme pasar ahora! —grité, avanzando un paso, el pecho agitado.
El guardia alzó la mano para detenerme, pero justo en ese instante la puerta detrás de él se abrió con fuerza,